Hola! Hace un tiempo que no lograba sentarme a escribir, supongo que es parte de esto; y que con compromiso y disciplina naturalmente todo irá tomando su lugar.
En las notas anteriores, compartía lo que consideraba nos deberían enseñar en el colegio (interrumpido por notas del lanzamiento de mi libro y demás, que si quieres adquirirlo solo escríbeme). En fin, habíamos empezado con el Miedo y el Fracaso, y dada la temporada del año en la que nos encontramos; hoy me gustaría abordar a las Comparaciones.
Lo que creo, hay que enseñar desde chicos – Parte 1
Los padres tendemos a comparar a los niños unos con otros, incluso desde muy pequeños. Comparamos a nuestros hijos con sus compañeros de colegio, con sus amigos e incluso comparamos a los hermanos entre sí. las Comparaciones están presentes, de hecho de manera “inocente o inconsciente”, y sin darnos cuenta utilizamos a los demás como espejo de “lo ideal”; con ellos llegan las de semejanza (eres igualito a tu papá!!) y las de confrontación (a ver si aprendes de tu hermano!!). En la adolescencia, los chicos buscan armarse con los grupos de pares y con la influencia de los modelos sociales que hoy pisan fuerte; estos espejos tienden a aumentar. Si son positivos, proporcionan información valiosa sobre quiénes somos y hacia dónde podríamos dirigirnos en la vida. Si son negativos, la identidad se quebrará. Las comparaciones también pueden ser positivas o negativas y son tremendamente poderosas.

Y es que por un lado queremos motivar a nuestros hijos a que tomen como modelo al otro; sea su hermano, amigo o compañero de colegio. Pretendemos que adopten la conducta, que adquieran esa cualidad que admiramos en el otro y que consideramos pueda ser beneficioso para nuestros hijos; empujándolos a ser un prototipo del “modelo” que juzgamos un poco más perfecto que nuestros hijos. Sin embargo, con esto solo dejamos entrever el deseo que tenemos como papás de cómo queremos sean nuestros hijos, sin dejar espacio a su esencia natural, sin respetar sus características reales y su propia individualidad. Y es que muchas veces, con nuestras comparaciones buscamos que sean lo que nosotros no pudimos ser.
“Preciosa, no te compares con nadie; no hace falta; no tienes que demostrar nada. La vida no es una corrida y nadie te juzga por tus resultados”.

Otro mensaje que de haberlo recibido de niños nos podría haber significado una mirada diferente de nuestra vida, de nuestra valía y autoestima. La autoestima es un proceso en permanente construcción. Y se preguntarán que tiene que ver esto con esta temporada del colegio?. Pues mucho. Esta temporada es la de exámenes finales, la de entrega de trabajos prácticos y exposiciones. De preocupaciones y desvelos, corríjanme si no!!. Escenario donde con más frecuencia e insistencia fluyen las comparaciones de padres hacia hijos por sus notas y rendimiento académico y en consecuencia que los chicos también se comparen.
Cuando eres niño; por defecto te comparas y más si recibes comparaciones desde la casa. Comparas lo que tienes versus los demás, esto hace que necesites hacerlo todo bien para captar atención y felicitaciones de parte de tus padres o maestros. Porque si felicitan a tu compañerito pero a ti no; te desarmas, te avergüenzas, te autoflagelas. Y si tus calificaciones son bajas o bastante malas, peor aún. ¿ Y qué pasa cuando esas comparaciones trascienden a otros planos?. ¿ Cursaste esa carrera porque es lo que se espera de ti, o porque el hijo de Don Fulano así lo hizo?. ¿ Te casaste porque así lo sentías? o porque ya era hora, todos se casan y tú aún no?. ¿No te animas a montar tu empresa porque tal vez crees que la idea no es tan buena como otras, como para hacer una empresa de ella?. ¿Que sólo el otro puede tener su empresa porque su idea es mejor que la tuya a ti simplemente no te acompañan ni la “buena suerte” ni el dinero para hacerlo? Las comparaciones invaden nuestra mente permanentemente, y ella trae consigo a la Inseguridad; a los Fracasos y a los Miedos, temas que abordamos en la notas anteriores.
La realidad es que nadie te enseña a dejar de mirar a los demás y te veas a ti como un único ser; nadie te enseña a diferenciar lo que quieres de lo no; a separar tus deseos de tus antojos, caprichos y malcrianzas. Nadie te enseña a buscar en tu interior lo que realmente importa; nadie te enseña a quererte tal y como eres, único y perfectible, aunque los demás digan lo contrario; nadie enseña a diferenciar la duda de la inseguridad.
¿ Qué pasaría si enseñamos esto a nuestros hijos?, desde el colegio y desde la casa. Creo que educaríamos a adultos más enteros y virtuosos, más seguros y empoderados, porque estaríamos educando las emociones.
Paradójicamente y pese a escribir esta nota, yo también por momentos soy presa de las comparaciones. Por momentos dudo de que las cosas que hago o las ideas que tengo sean lo suficientemente buenas solo por el hecho de que me salen con facilidad y me comparo con otras personas que tal vez ponen mucho esfuerzo para lograr sus objetivos. Admiro y a las personas que luchan con claridad por sus propósitos y yo aún me encuentro definiendo como quiero caminar este camino. Pero no porque no sepa lo que quiero ni sepa cómo hacerlo, sino por la sombra que a veces yo misma me impongo comparándome con fantasmas que solo existen en mi cabeza. Esos fantasmas con que cargamos todos: “que no llego a todo, que el tiempo y las actividades me superan; que no exprimo al tiempo como debería; que debería hacer más cosas de las que hago, que todo el mundo hace más que yo y tal vez hasta mejor que yo……”
Y es ahí donde me sumerjo en mí, y me doy cuenta que yo solo sigo mi camino, que no sé si es mejor o peor que el de cualquiera, sólo sé que es mío y con eso me basta. No tengo porque mirar a mis costados para medir cuanto avanzo o retrocedo; solo debo avanzar y punto. Cada uno es jugador de su propio partido, y cada uno debe esforzarse por jugar su mejor juego cuidando de no aplastar a nadie. Compararse nunca es positivo ni objetivo.
«La personalidad comienza donde las comparaciones terminan» – Karl Lagerfeld (Diseñador).
En mi siguiente publicación estaremos desarrollando la seguna parte de este tema. Te invito a seguir leyéndome. Para leer el artículo, haga click en Lo que creo, hay que enseñar de niños, Parte 2
Cariños;